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La Corte de los Milagros-Nuestra Señora de París (Victor Hugo)

-¡Por las uñas del diablo! Dime tu nombre y nada más, bribón.Escucha, estás ante tres poderosos soberamos: yo, Clopin Trouillefou, rey de Thunes, sucesor del gran Coësre, supremo soberano del reino del hampa; aquél viejo amarillo que ves allá con un trapo ceñido a la cabeza es Mathias Ugandi-Spicali, Duque de Egipto y de Bohemia. Y ese gordinflón que no nos escucha y que está acariciando a esa ramera es Guillermo Rousseau, emperador de Galilea. Has entrado en el reino del hampa sin ser de los nuestros; has violado los privilegios de nuestra ciudad y en consecuencia debes ser castigado, a menos que seas capón, franc-mitou o escaldado, es decir, en el argot de la gente honrada: ladrón, mendigo o vagabundo, ¿eres algo de eso? Justifícate, dinos tus cualidades.
-¿Cualidades? ¡Ay!-dijo Gringoire-no tengo ese honor, sólo soy autor...
-¡Basta!-cortó Trouillefou sin dejarle acabar-. Vas a ser colgado. ¡Es algo muy sencillo, honrados señores burgueses! Igual que tratáis a los nuestros en vuestro mundo así os tratamos a vosotros en el nuestro. Las leyes que aplicáis a los truhanes, os las aplican a vosotros los truhanes, ¿que son malas? la culpa es vuestra. Es bueno de ver de vez en cuando una mueca de honrado burgués por encima del collar de cáñamo; eso lo hace todo más honorable. Así que... ¡Ánimo, amigo! Reparte tus harapos a estas señoritas. Te vamos a colgar para divertir a los truhanes y tú les vas a dar tu bolsa para que puedan beber. Si quieres hacer alguna mojiganga ahí encontrarás junto al mortero un buen reclinatorio de piedra que hemos robado de Saint-Pierre-aux-Boeufs. Te quedan cuatro minutos para encomendarle tu alma a Dios.
[......]
"Me va a costar salir con bien de esta" -pensó Gringoire-, pero hizo aún un último intento: no veo porqué no vais a colocar a los poetas entre los truhanes cuando Esopo fue un vagabundo, Homero un mendigo, Mercurio era un ladrón...
[......]
-¡Escuchadme! -dijo (Clopin) a Gringoire acariciándose el deforme mentón con su mano callosa-; no entiendo por qué razón no has de ser colgado; es cierto que tal cosa parece repugnarte y es sencillamente porque vosotros, los burgueses, no estáis acostumbrados. Le dais demasiada importancia al asunto; y además no te desamos ningún mal. ¿Quieres el medio de librarte de eso por el momento? Hazte de los nuestros.
Podemos imaginar el efecto que semenjante propuesta produjo en Gringoire cuando veía ya que la vida se le escapaba y comenzaba a perder toda esperanza. Se agarró, pues, a ella con todas sus fuerzas.
-Ya lo creo que sí -dijo.
-¿Estás de acuerdo en enrolarte con los cortabolsas?
-Con los cortabolsas, exactamente -respondió Gringoire.
-¿Te reconoces miembro de la francoburguesía?*
-De la francoburguesía.
-¿Sujeto del reino del hampa?
-Del reino del hampa.
-¿Truhán?
-Truhán.
-¿Con toda el alma?
-Con toda mi alma.
-Quiero que sepas -prosiguió el rey- que no por eso vas a dejar de ser colgado.
-¡Diablos! -dijo el poeta.
-Lo que ocurre es que serás colgado más adelante, con más ceremonia, con cargo a la buena villa de París, en una bonita horca de piedra y por los honrados burgueses. Es un consuelo.
* Miembros de la sociedad francesa que no pagaban impuestos.
Astartet.
Pd: ¡Me encanta este personaje! Mi favorito de este pedazo de obra... un tipo listo, y dice verdades como puños.
¡Larga vida al Rey de los Truhanes!
Manolito Gafotas-Yo y el Imbécil (Elvira Lindo).

Y ahora una de libros... llevo mucho tiempo con ganas de poner un fragmento de esta estupenda serie de libros que tantos buenos ratos me ha hecho pasar. Como esta semana ha estado estresadilla (el viernes, nuevo examen...), es un buen momento para poner un post como este... creo que es imposible leer estos libros sin verte reflejado/a en ellos, en las situaciones o los personajes: ¿Quién no tiene, por ejemplo, una vecina como la Luisa? Y luego están Manolito y su hermano El Imbécil... como no tengo hermanos, no sé si también la gente tiene hermanos como ellos... pero sea como sea, este par de dos es para comérselo, y sus aventuras, junto con sus padres, su abuelo Nicolás, El Ore, el Yihad, la Susana Bragas-Sucias, la Melody Martinez y sus vecinos/padrinos la Luisa y Bernabé, son una buena recomendación para todo el que quiera echarse unas risas con un buen libro, sea de la edad que sea: hay Manolito para todos.
La Luisa nos dijo que nos iba a llevar al "Híper" que acababan de abrir, pero no al híper al que nos llevaba mi madre, que tiene el "chopped" al lado de los calzoncillos; ella nos iba a llevar a un híper de lujo, y cuando fuéramos a buscar a mi padrino Bernabé a su almacén de aceitunas rellenas no nos iba a reconocer. Iba a decir, “pero Luisa, ¿quiénes son estos niños tan pijos con los que has venido?” Yo le dije a la Luisa que yo no quería parecer un pijo, porque en mi barrio como te llamen pijo lo llevas claro. Nadie quiere nada contigo.
[.....]
Mientras la Luisa se quejaba del mordisco (que le dio el Imbécil para que no entrara con ellos al probador), a este lado de la puerta yo y el Imbécil nos empezamos a probar la ropa.
Estábamos delante del espejo, vestidos de azul-pijo, cuando el Imbécil dijo:
-El nene se hace caca.
[.....]
La única verdad verdadera que ha dicho mi madre desde que nos conocemos (y ya van para diez años) es que el Imbécil es el niño más inoportuno del planeta. Tiene sed cuando no hay agua, tiene sueño cuando no hay cama, hambre cuando no hay comida, y ganas de hacer caca cuando no hay váter. Y nunca se puede aguantar.
[.....]
Así que cuando le vi en la esquina del probador, vestido de azul-pijo, con las manos atrás, me empecé a poner de los nervios:
-No te estarás haciendo nada encima de esos pantalones, que no son nuestros.
-El nene se caga.
El nene se caga. Esa es su frase. A mí me parece una frase un poco fuerte para un niño tan chico, pero no ha habido manera de enseñarle otra. Una vez me pasé toda una semana diciéndole: “Tienes que decir que te haces caca, porque los niños tan pequeños no dicen que se cagan”.
[.....]
El Imbécil estaba cada vez más rojo, como él se pone siempre, en el rincón del probador. La Luisa estaba mosqueada por nuestro silencio, porque llevábamos unos minutos cuchicheando.
-Niños, niños-decía dando en la puerta-, que a ver qué pasa, que no me fío ni un pelo de vosotros.
Comprenderás que eran momentos de alta tensión ambiental. Yo le dije al Imbécil que por favor, que no lo hiciera, porque sé que con él no vale ponerse borde. Se oyó un ruido sospechoso.
-Un pedillo- dijo el Imbécil. Le gusta decirlo por si te cabe alguna duda.
-Dos-dijo anunciando otro.
El aire del probador se volvió gris, no te exagero.
Menos mal que la puerta del probador no llegaba hasta el techo, porque si llegamos a estar en un ascensor creo que hubiera empezado a preocuparme por la falta de oxígeno.
Me puse manos a la obra. Le quité los pantalones azul-pijo, que era lo que más me preocupaba, y le dije que nos íbamos a ir corriendo al váter.
-El nene no llega.
-Sí que llega el nene, ya verás como sí: tienes que apretar así, fuerte, fuerte, guiñando los ojos de la fuerza que le pones, y ya verás qué bien.
Él seguía todos los gestos que yo le hacía, los imitaba a la perfección, sólo que se me olvidó un detalle importante: yo le decía que apretara, pero que apretara para adentro. Él apretó para afuera.
Se le había quitado el color rojo de la cara y ahora me miraba con su cara de niño rubio. Estaba muy serio...
Astartet.
La Historia Interminable.
Desde que escribí la semana pasada el post sobre los sueños de la infancia, y me acordé de aquél deseo mío de meterme dentro de La Historia Interminable, tengo ganas de escribir algo sobre este libro... ¡Qué nostalgia! Hace años que no lo sacaba de la estantería.
Como ya he dicho varias veces, antes de leerlo sólo había leído cuentos de Disney y cómics de Mortadelo y Filemón.
La Historia Interminable me la dio un primo que tiene varios años más que yo. Tiene 419 páginas (el libro, no mi primo XD), pero en ese momento me pareció tan interminable como su título... creo que si me decidií a leerlo fue por el aspecto: la edición que yo tengo es del 1994, y el aspecto es bastante atractivo: en la portada tiene imágenes de la película, que según mi madre me encantaba cuando era muy pequeña, pero ya de eso ni me acuerdo (aunque supongo que también tuvo que ver con el hecho de que leyera el libro), pero lo mejor es por dentro: las letras están escritas en rojo y verde, y las primeras letras de cada capítulo están por orden alfabético (el primero empieza por "a", el segundo por "b" y así hasta el último). Además, cada primera letra ocupa toda una página y está decorada con un dibujo relativo al capítulo. Pensé que un libro tan chulo por fuera también tenía que serlo también por dentro, y por eso me atrajo aunque en ese momento me pareciera enorme... aunque una vez que empecé a leerlo no me duró demasiado tiempo: pasaba horas leyendo sin parar, sin acordarme de que, más allá de Fantasía, de Atreyu y de Bastián existía el mundo real. Es el libro que más veces he releído... y no me extraña: para una niña extremadamente fantasiosa como era yo, aquél libro era como tocar el cielo: la Torre de Marfil, el Oráculo del Sur, centauros, indios de piel verde, dragones... en fin, toda la fantasía que había visto en los dibujos animados desde que alacanzaba a recordar (y había sido mucha) parecía estar recopilada en aquél libro.
Ahora me cuesta más trabajo engancharme así a un libro, supongo que porque ya no tengo tanto espacio libre en la cabeza para llenarlo de pájaros como cuando era pequeña... antes, entre libro y libro nuevo me releía una y otra vez los viejos. Ahora tengo unos cuantos esperándome en la estantería, va a pasar el verano y me temo que van a tener que seguir esperando hasta dios sabe cuando... en fin, si alguna vez vuelvo a tener tiempo para releer, además de para leer, creo que volveré a leerme este libro por enésima vez, aunque ya no tenga edad para tanta fantasía.
Por lo pronto, dejo aquí uno de los pasajes que más me gustan... no es lo mismo sacado de contexto, pero de todos modos es estupendo... esta parte siempre ha sido de mis favoritas.
Eso sí: si alguien que esté leyendo el libro o lo piensa leer se encuentra con esto, mejor que no lea lo siguiente, que es espoiler:
...¿Qué opinan de eso tus padres?
Bastián no respondió enseguida, sólo al cabo de un rato musitó:
-Mi padre no dice nada. Nunca dice nada. Le da todo igual.
-¿Y tu madre?
-No tengo.
-¿Están separados tus padres?
.No-dijo Bastián-mi madre está muerta.
[...]
Si volviera a casa ahora, su padre saldría del taller con su bata banca y, quizá, con una dentadura de escayola en la mano, y le preguntaría: -¿Ya de vuelta?, -Sí-diría Bastián, -¿No hay colegio hoy? Bastián vio ante sí la cara tranquila y triste de su padre y se dio cuenta de que le sería imposible mentir. Tampoco podía decirle la verdad. No, lo único que podía hacer era marcharse; a cualquier parte, muy lejos. Su padre no debía saber nunca que su hijo se había vuelto ladrón. Y quizá ni se diera cuenta de que Bastián no estaba ya. La idea resultaba incluso un tanto consoladora.
[...]
Yor era un hombre grande y viejo, pero su rostro no tenía barbas ni arrugas. Todo en él, su traje, su cara, su pelo, era gris como la piedra. Cuando estaba allí, inmóvil, parecía tallado en un gran trozo de lava. Sólo sus ojos ciegos eran oscuros y, en sus profundidades, brillaba el resplandor de una pequeña llama.
Cuando Bastián-porque él era el caminante-llegó, dijo:
-Buenos días, me he extraviado, busco la fuente de la que brota el Agua de la Vida, ¿Puedes ayudarme?
El minero escuchó la voz que hablaba.
-No te has perdido-susurró-pero habla en voz baja, si no, se desmoronarán mis imágenes.
[...]
-Ni una palabra, ni un ruido, ¿Entiendes? Lo que vas a ver es mi trabajo de muchos años. Cualquier estrépito podría destruirlo, ¡De manera que calla y anda silenciosamente!
Bastian asintió y salieron de la cabaña. Detrás de ella se levantaba una torre de madera, bajo la cual un pozo conducía verticalmente a las entrañas de la tierra. Pasaron a su lado, dirigiéndose hacia la llanura de nieve. Y entonces vio Bastián las imágenes, que yacían allí, como rodeadas de seda blanca, igual que si fueran valiosas joyas.
Eran láminas finísimas de una especie de piedra especular, transparente y coloreada, y de todos los tamaños y formas, rotas e intactas, algunas grandes como vidrieras de iglesias, otras pequeñas como miniaturas de alguna cajita.
Lo que representaban aquellas imágenes era misterioso. Había figuras embozadas que parecían flotar en un gran nido de pájaros, o burros con toga de juez: había relojes que se fundían como el requesón, o muñecas articuladas que descansaban sobre fondos chillonamente iluminados y vacíos.
Había rostros y cabezas compuestos totalmente de animales y otros que formaban paisajes.
Pero también había imágenes completamente corrientes, hombres que segaban campos de maíz y mujeres que se sentaban en un balcón.
Había pueblos de montaña y paisajes marineros, escenas bélicas y funciones de circo, calles y habitaciones, y siempre rostros, viejos y jóvenes, inteligentes y bobos, de bufones y de reyes, sombríos y alegres. Había imágenes terribles, de ejecuciones y danzas macabras, e imágenes divertidas de damiselas sentadas sobre una morsa o de una nariz que se paseaba y a la que todos los transeúntes saludaban.
[.....]
-¿Has reconocido alguna?
-No-repuso Bastián.
El minero movió pensativo la cabeza.
-¿Por qué?-quiso saber Bastián-¿Qué imágenes son esas?
-Son los sueños olvidados del mundo de los seres humanos -explicó Yor- Un sueño no puede convertirse en nada una vez que se ha soñado, pero cuando el hombre que lo ha soñado no lo guarda... ¿A dónde va a parar? Viene aquí, con nosotros, a Fantasía, ahí abajo, a las entrañas de nuestra tierra. Allí yacen los sueños olvidados en capaz finas, finísimas, unos sobre otros. Cuanto más se cava, más espesos son. Fantasía entera se asienta sobre unos cimientos de sueños olvidados.
-¿Y también están ahí los míos?
Yor se limitó a asentir con la cabeza.
-¿Y dices que tengo que encontrarlos?
-Por lo menos uno. Con uno basta.
-¿Para qué?
El minero volvió hacia él su rostro, ahora iluminados sólo por el resplandor del pequeño fuego del hogar. Sus ojos ciegos miraron otra vez a la lejanía, a través de Bastián.
-Escucha, Bastián Baltasar Bux -dijo- no me gusta hablar mucho. Prefiero el silencio. Pero por esta vez te lo diré: tú buscas el Agua de la Vida. Quisieras poder amar, para volver a tu mundo. Amar... ¡Eso se dice muy fácilmente! El agua de la vida te preguntará: “¿A quién?” No se puede amar sencillamente, en general y de cualquier manera. Sin embargo, tú lo has olvidado todo, salvo tu nombre. Y si no sabes contestar no podrás beber. Sólo te puede ayudar un sueño olvidado que vuelvas a encontrar, una imagen que te lleva hasta la fuente. Pero para eso tendrás que olvidar lo último que te queda: tendrás que olvidarte de ti mismo. Y eso requiere un trabajo duro y paciente. Guarda bien mis palabras, porque no volveré a pronunciarlas.
[....]
No se puede decir cuánto tiempo duró aquél áspero trabajo, porque esa clase de trabajos no puede medirse en días o meses. En cualquier caso, sucedió que una tarde trajo una imagen que, sobre el mismo terreno, lo excitó tanto que tuvo que contenerse para no lanzar un grito de sorpresa que pudiera destruírla.
En la delicada piedra especular [...] se veía clara y distintamente a un hombre que llevaba una bata blanca. En una mano sostenía una dentadura de escayola. Estaba de pie, y su actitud y la expresión tranquila y preocupada de su rostro conmovieron a Bastián. Pero lo que le impresionó más fue que el hombre estaba congelado en un bloque claro como el cristal. Lo rodeaba por completo una capa de hielo impenetrable, aunque totalmente transparente.
Mientras Bastián contemplaba la imagen que tenía ante sí en la nieve, se despertó en él una añoranza de aquél hombre al que no conocía. Era un sentimiento que venía de muy lejos, como un oleaje tormentoso en el mar que, al principio, no se nota, hasta que se acerca más y más y se convierte por fin en olas poderosas altas como edificios, que lo arrastran y lo anegan todo. Bastián se ahogó casi en ese sentimiento y tuvo que luchar para respirar. Le dolía el corazón, que le resultaba insuficiente para una añoranza tan grande. Con aquella oleada se hundieron todos los recuerdos que aún tenía de sí mismo. Y olvidó por último lo que le quedaba: su propio nombre.
Astartet.
Pd: la imagen corresponde a la primera letra de este capítulo: la "Y".



